Como nativa digital, vi en primera fila el nacimiento de las “embajadoras”, por allá por el 2010 empezaron a aparecer las primeras influenciadoras chilenas, a la par con el nacimiento de Instagram.

Mis favoritas desde ese tiempo hasta estos días, son la Twinbirds y la Cami Santa Ana, como ellas habían varias, algunas ya no tan vigentes y otras que han perdurado en el tiempo, hoy tienen aprox 20 mil seguidores, un poco estancados con el algoritmo pero vigentes y auténticas igual que siempre.

Las categorías de influencer se miden según la cantidad de seguidores, desde las celebrities hasta los nano influencers. Hoy en día cualquiera puede ser un nano influencer, con seguidores desde los 1K, llegas a pocas personas pero de manera efectiva, porque en su mayoría son amigos, familiares y conocidos.

Si escalamos a Concepción, un nano influencer con 1K puede servir si lo integramos en un grupo de 10 influenciadores con la misma cantidad de seguidores, por ejemplo.

En Chile, recientemente nacieron empresas que se dedican 100% al Marketing de influenciadores como Frisbi Marketing. Sus influencers se caracterizan por tener pocos seguidores, 1k o 2k, pero las campañas también consideran uno o más Micro influenciadores, de aprox 20K seguidores.

Ojo, que no he estudiado el tema, sino observado y vivido en carne propia lo de los influencers (por cierto, debería estudiarlo porque abriremos en base el área de influenciadores de provincia, jaja)

¿Cómo ha sido mi experiencia?

Nunca he sido embajadora de una marca, las embajadoras son las que están largos periodos con una marca, colaboran a largo plazo y participan de los eventos. Algo parecido hice con Uber cuando llegó a Concepción.

Hasta hace poco sólo me habían regalado cosas muy puntualmente y en su mayoría emprendedoras de concepción que necesitaban dar a conocer sus productos y varias cremas que he rechazado porque mi piel es sensible, jaja.

Hace 2 meses me contactaron de Influence, una agencia de Influencer Marketing basada en Santiago, fue por una campaña de Pedidos Ya, que básicamente era un canje, comida gratis por contenido. Dije bueno, igual pido harta comida y soy buena para comer, sonaba atractivo.

La empresa en sí funciona espectacularmente bien, muy organizados y metódicos, tienen las herramientas necesarias para medir tus estadísticas sin tener que molestarte. Te indican todo detalladamente y con una guía o ppt que te va mostrando ideas de lo que puedes hacer en historias y posteos.

Todo bien, hasta que la camila perfeccionista se me apareció en el camino. Ustedes ya me conocen, saben que soy buena para las fotos, me gusta que queden bien y que se relacionen con el resto del contenido que comparto.

El segundo mes con Pedidos Ya, me di cuenta que no tenía nada que ver con el contenido que subo, tengo un estilo tan definido, colores e identidad, que me hacía mucho ruido ver la marca roja en mi feed. Por otro lado, toma mucho tiempo hacer todo lo que te piden y lograr una foto buena, yo me tomaba todo el tiempo del mundo para tener buenos resultados respecto a estética. Así decidí, por el tiempo y lo estético, que no quería continuar con esa marca y renuncié a la campaña.

Fueron tan amables conmigo y yo también con ellos, porque de verdad que hacen una pega buenísima, que no me cerré a participar en otras campañas que tengan relación con lo que hago o que no me obligara a postear en el feed.

Así entré en la campaña que sólo me exigía subir historias y en una campaña puntual de un vino, me gustan los vinos así que acepté y en eso estoy actualmente.

¿Qué viene ahora?

Parece que esta semana ha sido la semana de las disyuntivas, porque a pesar que ha sido una buenísima experiencia y con buenos beneficios, estoy con sentimientos encontrados respecto a Instagram que me hacen querer dejar todo, porque me hace sentir atrapada.

Para leer sobre qué me pasa con Instagram pueden entrar al siguiente link: https://camifaster.cl/2019/06/10/instagram-amor-y-odio-%c2%b7-part-i/

A veces me dan ganas de parar y estando en campañas no puedo hacerlo. Parar para mi es poner mi cuenta privada, cerrarla un rato o eliminar seguidores, mientras ordeno mis pensamientos y sentimientos.

En fin, todo esto me pasa porque estoy muy metida en este mundo, porque mi trabajo me lo exige, porque me sirve para conocer este tipo de marketing, porque mi cuenta personal ha sido mi mejor prueba para darles un mejor servicio a mis clientes, pero a veces simplemente hay que parar y pienso hacerlo.

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