Estamos en una época bastarda donde todos opinan sobre todos, incluso yo lo hago. Y aunque no queramos ser parte de esta crítica social masiva infundada, nos sentimos parte o con autoridad de criticar, porque lo digital nos acerca directamente a la intimidad del resto.

Nos lleva a cosas que de repente no nos interesa ver ni saber, pero que por algún motivo la gente las comparte. Cada uno con sus historias personales, problemas y  luchas de ego. Ni tu, ni yo, somos nadie para meternos en eso. Ni en las decisiones, ni en el contenido de cada uno. Sí, contenido, poco elaborado y cuidado, pero contenido al fin y al cabo.

Crear contenido es plasmar una idea que deseas compartir con el resto del mundo.

El contenido también es la información que presenta una obra o publicación.

Cada uno con su propia línea editorial y marca personal, la que a mi gusto debería estar ligada a lo que nos gusta o lo que hacemos, lo que no necesariamente tiene que agradar a todo el mundo.

No vamos por la vida con esa misión, de complacer al resto, tampoco de obligarnos a publicar un contenido bien pensado para una red social donde mostramos la vida cotidiana. Hay Influencers que lo hacen, con un fotógrafo profesional, con un equipo detrás o con una vida de lujo que se los permite, bien por ellos. Nada que criticar.

Hay cosas sobre las que sencillamente no deberíamos opinar, porque no sabemos ni lo más mínimo que hay detrás.

Un contenido trabajado genera valor, y si posee la calidad suficiente, puede convertirse en una referencia o en un modelo a seguir para el resto.

Pero no todos tenemos los medios ni el tiempo para eso. Tampoco es necesario obligarse a eso en las Redes Sociales si no eres una empresa o una marca de moda. Porque si te siguen por tu contenido orgánico, sí, contenido, ideas o por lo que comunicas, sea elaborado o no, es porque a alguien le estás agradando y con ellos basta.

Aunque el agradar al resto no debería ser el objetivo de tu línea editorial. En mi caso, lo que publico tiene relación con las cosas que me gustan, mi forma de vestir, la decoración de mi casa, las cosas que compro, todo alineado lo uno con lo otro. Orgánico, cero elaborado y a veces repetitivo incluso. Superficial, sí, como todos los que usan las redes sociales. Twitter o Instagram, son una expresión de nuestra superficie, lo que se muestra de la boca para afuera.

Mi línea editorial tiene límites y esos los pongo yo sin ninguna presión, sólo me ubico en el contexto en el que estoy; trabajo en una agencia, en el área creativa y  trato con clientes todos los días.

Cuido mi imagen, sí, lo intento, pero me cuesta dejar de publicar sobre lo que me gusta. Se que para el cliente no tiene ninguna relevancia y seguramente mi IG no sirve como CV, porque no hablo de mi trabajo creativo, ni de Marketing. Pero sutilmente, intento conservar mi estilo y línea editorial en lo que subo, con un mínimo cuidado, que la mayoría de las veces es inconsciente.

Tengo seguidoras fieles, que me comentan las fotos, que me hacen preguntas, que me proponen cosas por Direct, que me enseñan a cocinar y cuidar mis plantas, que me hacen regalos y me tratan como si fuera una amiga de ellas. No somos muchas en mi mini comunidad, pero si algo de esfuerzo pongo por tener mis cuentas personales bonitas, es para mi y para ellas, porque algo en común nos une y es el gusto por las cosas bonitas.

¿Está mal que saquemos selfies con el celular, fotos al espejo, pedirle a alguien que te tome una foto sin ninguna preparación? ¿Acaso eso no es contenido? ¿No hay una idea detrás, ni algo que comunicar?

Si hijos mios, es contenido. 

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