No se cuantas pasaron por mi, varias mujeres, con distintos estilos, aspiraciones y sueños. Todos los años van cambiando.

Pero hay cosas que nunca cambian, que no queremos que cambien, que las conservamos y las vamos puliendo en el tiempo, mejoramos.
Soy la misma que ordenaba su pieza con perfeccionismo. Aspiraba cada rincón, le sacaba el tubo a la aspiradora y sacaba con la punta todo lo que el tubo no podía. Nada podía quedar en esa alfombra, sólo las marcas de la cera de vela, de cuando hacía espiritismo (ese es un buen recuerdo).
Nadie tenía un closet más perfecto que el mío, que aunque lo ordenaba por obligación, lo hacía con mucha dedicación. Las poleras dobladas por colores. Un cajón para cada tipo de prenda. Hasta los calzones y calcetines con su particular doblés, ese que nos enseñó la mamá desde chicas.
Deshacerme de todo lo que no uso, no suelo guardar cosas y nunca lo haré. En una maleta voy guardando todo lo que se que ya no usaré: zapatillas, poleras, chaquetones y pijamas. Los que ya cumplieron su uso, los que por alguna razón ya no quiero usar. Se que tendrán un encanto diferente para otra persona. Soy lo contrario a diógenes, desde los 13.
Cortarme la melena extrema, porque un día, como se dice,  “me daba la weá” y necesitaba cortarme el pelo lo más corto posible. Todavía no me desprendo de ese hábito loco. Porque soy la misma de antes, la que no soportaba el pelo largo y que deseaba una melena estilo Natalie Portman en León, y cree que así se le verá. Todavía lo sigo creyendo, aunque ahora creo que me quedará como la de Alexa Chung (y obvio que eso no pasa).
La que no tenía para comprar ropa de marca, y que iba a la americana a comprar unas prendas asquerosas. Juro que miro hacia atrás y no se de a dónde sacaba la personalidad para usar unas sudaderas color morado encendido, con parches y jeans manchados con alfileres de gancho para apitillarlos porque todavía no salían los pitillos. Se que no volvería a usar esa ropa, pero soy la misma que hoy se atreve a salir con chaquetón acharolado estilo menocore.
Esa exquisita esencia de uno, lo que viene por genética y el agregado de tus padres, que te formaron y te dieron las alas para volar lejos, lo que se conserva por siempre. Y aunque soy una copia contemporánea de mi mamá, hay cosas que no cambian y nunca cambiarán.
Posted by:C.

31, vegetariana. Escribo columnas con la mayor naturalidad posible. Desde Concepción, Chile. cami@basegestioncreativa.cl

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